La mediación deportiva es necesaria

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Escenario ideal para la prevención de la violencia

Por María Diez de Revenga

Si hablamos de gestión de conflictos y la mediación como un sistema de resolución de las diferencias que surgen sobre determinados aspectos en el objetivo de la cultura de la paz tan proclamada tanto por los poderes públicos, instituciones y población mediadora como demandada de forma inconsciente por la ciudadanía, que continúa pensando que el ámbito judicial  y administrativo es la solución a sus infinitos problemas,  me encuentro con una ámbito excluido de la mediación y son los conflictos que surgen con ocasión de encuentros deportivos, celebración de competiciones o pruebas regidas por las normas de disciplina deportiva de cada comunidad autónoma y que de forma delegada ejercen las federaciones deportivas y en ulteriores  instancias por los Comités de Justicia Deportiva, Direcciones Generales de Deportes o Tribunales Administrativos de Deporte, según los casos. Además no hay que olvidar al Consejo Superior  de Deportes y el Observatorio de la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el ámbito de la Administración estatal y las competencias no delegadas.

Es eso ámbitos se ventilan leyes reguladoras de la disciplina deportiva, procedimiento electorales de las federaciones así como la prevención de la violencia, el racismo y la xenofobia e intolerancia. Todas estas materias se regulan por un sólido régimen de infracciones y sanciones administrativas de carácter sancionador pero en ninguna de ellas habla de mediación ni de justicia restaurativa ni de medidas preventivas a través de procesos de mediación, sencillamente esperamos la conducta, se valora y en su caso se sanciona.

Entiendo que en muchos casos aunque se cumple necesariamente con la legalidad necesaria para un Estado de Derecho no por ello se soluciona el problema existente de cara a la prevención general y especial de dicha norma sancionadora, devolviendo a la Federación deportiva o al club una situación cerrada en ocasiones falsamente. Acaso se soluciona el problema de fondo? El sancionado entiende la sanción? El afectado se siente resarcido? Quienes somos responsables de los procesos disciplinarios nos aseguramos que se trasmitan valores de juego limpio? Preparamos a nuestros jóvenes para una resolución pacífica responsable? O sencillamente nos atribuimos la responsabilidad y se la devolvemos en forma de sanción, sin más?

Desde mi trabajo en el Comité de Justicia Deportiva de la Región de Murcia y en la Unidad Intrajudicial penal del TSJ  asisto perpleja sobre el incremento de los casos de sanciones sobre todo en los deportes de equipo donde hay contacto y la entrada a  la Unidad Intrajudicial de penal de asuntos por lesiones, insultos dentro de encuentros deportivos amistosos. Estos asuntos se han  mediado en la UMIM alcanzando soluciones satisfactorias desde el punto de vista restaurativo y mediador y que luego los letrados de las parte han gestionado ante el órgano judicial en presencia del Fiscal.

Pero lo más grave es el ámbito donde ocurre, que es el deporte  juvenil, bien entre deportistas federados en lances de juego bien con espectadores o simplemente encuentros deportivos amistosos con final controvertido.

En estos casos la sanción administrativa para el deportista federado o la sanción al amparo de la Ley contra la Violencia, el Racismo y la Xenofobia,   o la condena penal  no resuelve el problema de fondo y  probablemente sea la génesis de otros conflictos al no corregir materialmente al infractor y no atender a la víctima en necesidades que escapan a los propios procesos, como es el miedo.

Estas cuestiones son las que se tratan en los proceso restaurativos que se han gestionado en la mediación intrajudicial penal a raíz de conflictos surgidos en encuentros deportivos, una víctima angustiada por las efectos de una sanción a su infractor y las consecuencias que podía tener en los siguientes partidos, ya que eran jugadores de distintos equipos en una misma liga;  ya les digo que se consiguió solucionar, el infractor no solo se disculpó sino que reconoció las consecuencias de sus actos y aseguró que cesarían todas las presiones de sus seguidores a la persona de la víctima comprometiéndose a realizar gestiones concretas que la víctima demandaba. He decir que la mediación en este caso estuvo impulsada por los letrados que asistían a victima e infractor quienes solicitaron al órgano jurisdiccional su derivación.. Está claro que una condena al uso hubiera profundizado el conflicto ya existente.

Recuerdo también otro caso, dos clubes de futbol 2 º  y 3  º de la clasificación que en una pelea tumultuaria al finalizar el partido, entre afición, muchos de ellos padres de los jugadores, los propios jugadores de  ambos equipos y directivos de clubes, con factor racial incluido, acabó en el cuartel de la guardia civil y quedando pendiente el partido de vuelta entre los mismos clubes, el panorama era como ustedes suponen, crispado, enredado además con denuncias cruzadas y un proceso penal iniciado que venía a coincidir su fecha de señalamiento de juicio muy próximo a la celebración del segundo encuentro. Imaginen por un momento. Acaso una condena penal  o una sanción disciplinaria deportiva hubiera devuelto la normalización a ese segundo encuentro. Con ello no estoy diciendo que se supriman los procedimientos legales que ya están establecidos pero sí que vayamos más allá y que perfeccionemos en el ámbito de prevención de la violencia o procedimientos sancionadores disciplinarios con procedimientos restaurativos y de mediación o actuaciones preventivas a través de estos procesos.

Por cierto parte del acuerdo alcanzado en este último asunto fue un acuerdo entre los capitanes de los equipo que se leyó ante de empezar el segundo partido acabando en un apretón de manos delante de la afición. Consideren ustedes..

Se trata de hacer una justicia más responsable, material y sobre todo que además de sus funciones preventivas eduque a nuestros jóvenes, una justicia  más democrática y sobre todo con acciones que prevengan, que trasmitan, ello lo merece, son nuestros jóvenes.

Tanto el Consejo Superior de Deportes como las distintas Direcciones de Deportes de la Comunidades Autónomas así como sus Tribunales o Comités deportivos deberían trabajar por plantear acciones tal y como dice la Ley contra la Violencia el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia que fomenten el juego limpio, la convivencia y la interrelación en una  sociedad democrática  y pluralista así como los valores humanos que se identifican con el deporte.

Y qué mejor forma que a través de la mediación y proceso restaurativos instaurados a través de la Federaciones deportivas o de los propios Comités o Tribunales administrativos del deporte, que por ahora son funciones excluidas ya que solo se les permite actividades de mediación o arbitraje en aquellas materias que son disponibles por las partes, pero no en los puntos de conflictividad mayores como es la disciplina deportiva o proceso electorales, que quedan fuera de la mediación deportiva, por ser funciones administrativas delegadas. Una vez más su señorías del Congreso de los diputados y de las asambleas regionales tienen otro campo para valorar que la mediación puede ser parte de la solución y es que esta sociedad necesita cambios legislativos materiales y profundos si queremos ver en la mediación una herramienta útil y eficaz. No se trata de sustituir sino de  incorporar, de sumar, de ser valientes.

Murcia, a 15 de junio de 2017

María Diez de Revenga Giménez, Letrada ICAMUR.
Miembro del Comité de Justicia Deportiva de la Comunidad Autónoma de Murcia, Vicepresidenta. Mediadora de la Unidad de Mediación Intrajudicial Penal del TSJ Murcia. Coordinadora Técnica.

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