Modelo para el impulso de la mediación

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Turno de Autocomposición

Por Gonzalo Alcaide Crespo.

Generalmente todo lo relacionado con la informática e internet se cataloga como nueva tecnología cuando en la mayoría de las ocasiones muchos servicios y prestaciones de su ámbito están implantados en nuestra vida cotidiana desde hace varios lustros, elevando de forma exponencial las relaciones personales en todos los niveles y, por ende, las situaciones de conflicto.

Tamaño volumen de enfrentamiento ha producido un colapso estructural de los juzgados que se pretende arreglar, entre otras medidas, con la intervención de mediadores. No obstante, el uso de esta vía de solución de conflictos se utiliza de forma marginal, a pesar de las reformas normativas que se han llevado a cabo recientemente.

El problema, en opinión de quien suscribe, ya no es una cuestión de desconocimiento sobre las características del procedimiento en cuestión. Se está llevando a cabo una labor de difusión de las bondades de la mediación, de formación de mediadores, constitución de instituciones de mediación, etc., que asegurando la existencia de un sistema de mediación de nivel, no se garantiza su uso de forma generalizada.

Multitud de profesionales han empleado mucho tiempo y dinero en adquirir –mantener– formación como mediadores, inscribirse en numerosos registros para no ejercer como tales en ocasión alguna, a semejanza de lo que ha ocurrido en ámbitos como la auditoría o el arbitraje y, de forma más palpable, en materia concursal, siendo muchos los llamados y pocos los escogidos, desafiando las leyes de la probabilidad.

La demanda por parte de los ciudadanos de unos mecanismos de resolución no violenta de sus conflictos va a seguir creciendo porque los mismos son inherentes a la condición humana. Contamos con un sistema que garantiza la administración de justicia de forma generalizada, llegando a los más desfavorecidos a través del turno de oficio y la asistencia jurídica gratuita.

Se ha demostrado de forma empírica que el recurso al sistema judicial varía en forma inversamente proporcional a los recursos necesarios para acceder al mismo. Citemos dos ejemplos. En la jurisdicción social, donde no hay imposición de las costas, el número de recursos es muchísimo mayor que en la civil. Por otro lado, a todos nos viene a la memoria cómo el pago de tasas disminuyó drásticamente el inicio de procedimientos y recursos, salvo los atendidos por el sistema de asistencia jurídica gratuita.

El corolario es evidente. La instauración de un sistema de acceso a la mediación similar al de asistencia jurídica gratuita aseguraría un desplazamiento de resolución de conflictos de las sedes judiciales a la vía de la mediación, siendo perfectamente compatible con la mediación ejercida libremente.

Dado que los costes de la actuación de un mediador son sensiblemente más bajos que los de un juzgado, el alivio de la carga de trabajo en sede judicial justificaría el desvío de fondos para financiar la mediación gratuita. Además, la puesta en marcha de todos los profesionales que en la actualidad se están cuestionando el esfuerzo dedicado a la obtención de su condición de mediador, supondría una gran descongestión de los procedimientos existentes en la actualidad.

Este podría ser el esbozo de un modelo para un arranque definitivo de la mediación.

Gonzalo Alcaide Crespo. Abogado, auditor ejerciente y economista.

Equipo de Kiosko

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