El nuevo traje del Emperador

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Por Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo.

Una reflexión sobre cuál debería ser la posición de los mediadores como colectivo en el llamado conflicto catalán.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-.
– Si los llevase, podría averiguar qué funcionarios del reino son indignos del cargo que desempeñan. Podría distinguir a los listos de los tontos.
– Sí debo encargar inmediatamente que me hagan un traje.
Hans Cristian Andersen. El traje nuevo del emperador.

Para mi los mediadores son profesionales que han recibido formación especializada en uno o varios ámbitos específicos de intervención (familiar, penal, escolar, civil, mercantil, hipotecaria,…) y ejercen o se postulan para ejercer profesionalmente esa actividad.

Como cualquier profesional -y continuo definiendo mi posición- estos mediadores están sujetos al cumplimiento de las exigencias legales, reglamentarias y deontológicas que le sean de aplicación.

Desde esta posición entiendo que lo que deberíamos hacer los mediadores ante el complejo, escalado y grave conflicto social en que están hoy inmersos la mayoría de los ciudadanos que residen en Cataluña, es, me voy a permitir ser directo: callarnos.

Le he dado muchas vueltas a la oportunidad de compartir esta reflexión, que en ningún caso trata de alinearse o defender la posición de ninguna de las que pudiéramos definir como partes de este grave conflicto social, pero la avalancha de comentarios aparecidos en las redes sociales (incluyendo en esta categoría a cualquier medio de comunicación) invocando la intervención de mediadores me ha animado a definir públicamente mi posición como mediador en este asunto.

Yo no creo que haya unos buenos, los que están abiertos de entrada a dialogar, y unos malos, los que son reacios a sentarse a hablar con la otra parte; pero además, como mediador, entiendo que estoy inhabilitado para actuar profesionalmente si eso ocurre.

¿Estamos seguros de no estar transmitiendo estos días esa impresión a la sociedad?, ¿de no estar transmitiéndolo a algunos sectores?, ¿de que no estamos siendo percibidos como alineados con una de las partes?

Hace muchos años un amigo volvió al pueblo en verano tras su primer año de facultad y utilizaba los adjetivos “obvio” y “trivial” de una forma desmesurada. Si hoy no son palabras de uso coloquial, imaginad como resultarían en un grupo de adolescentes de entre 17 y 19 años que están pasando el verano en un pequeño pueblo de la sierra; eso hacía que a veces los utilizara de forma un tanto inapropiada. Aquello fue para mi tan llamativo que todavía, y deben haber pasado casi cuarenta años, lo recuerdo.

Estos días estoy teniendo una sensación parecida a aquella cuando leo en las redes sociales debates de compañeros hablando de si el conflicto es estructural o coyuntural, de posiciones, de intereses, de partes, de legitimación,…

Supongo que mi amigo no se daba cuenta de que esos adjetivos que había aprendido en la facultad demostrando teoremas, no siempre resultaban apropiados en una conversación de café, y me temo, por supuesto es mi opinión, que la definición de nuestras herramientas y conceptos profesionales como mediadores no suscitan el interés del público general. Entiendo que definir ante qué tipo de conflicto estamos, cuales son las posiciones e intereses de las partes en el llamado conflicto catalán (no olvidemos que solo desde algunos grupos de opinión se denomina así), puede estar muy bien para una charla, un ejercicio en un curso de mediación, una jornada, una mesa redonda o un congreso, pero me temo que Facebook o Twitter no son los foros adecuados para hacerlo.

¿Alguien se ha dado cuenta de que si hago público que para mi las partes en conflicto son El Gobierno catalán y el Gobierno español no voy a ser aceptado como mediador por una de las partes?, ¿o que si hago público que para mi son los catalanes que quieren ser independientes y los que no (por cierto, con representantes perfectamente identificables y casi equilibrio de fuerzas en el parlamento catalán) no voy a ser aceptado por la otra?, ¿que si todos decimos cual es nuestra posición en el conflicto quedamos todos inhabilitados para actuar como mediadores?, ¿que si como colectivo manifestamos estar de acuerdo con la posición de una de las partes la otra va a recelar de la mediación?

Reconozco que aquella historia de los adjetivos que os he contado hizo que mi amigo me resultara un poco pedante (ya está reformulado), pero con el tiempo entendí que solo se trataba de un adolescente que se había ido del pueblo a la ciudad en un tiempo en el que no todo el mundo tenía acceso a la universidad, había aprendido unas palabras nuevas que nadie conocía y se sentía especial por eso. Cosas de adolescente. Pero nosotros somos adultos que hemos recibido formación especializada para ejercer profesionalmente una actividad. Si nuestra intención es que la sociedad nos perciba como a profesionales que pueden ayudar a las personas en la gestión de sus conflictos de forma seria, confidencial, imparcial, serena, fiable, independiente y discreta, creo que deberíamos cuidar algunos detalles.

Respecto a lo que está ocurriendo estos días en Cataluña, en España o en Europa (según lo enfoquemos) tengo mi posición como supongo que cada cual tiene la suya. Sinceramente creo que cuando alguien que trabaja en temas sociales dice “no tengo una posición definida sobre ese asunto” es como cuando alguien al que se le pregunta sobre su posición política dice que no es ni de izquierdas ni de derechas. El problema es que ambos continuos se miden con escalas que no tienen valor central, de forma que si a la pregunta “En una escala del 1 al 10 donde 1 es derechas y 10 es izquierdas, ¿donde se situaría usted?” respondo “5” me estoy situando a la derecha y si respondo “6” a la izquierda: no existe la posibilidad de responder “ni de izquierdas ni de derechas”, como tampoco existe la respuesta “ni con España ni con Cataluña” (esta, además, ni siquiera tendría sentido en el momento actual).

En esta fase que voy a llamar aguda del conflicto, y cuando una de las partes está invocando insistente el recurso a la mediación contra la otra en los medios de comunicación – e incluyo aquí a las redes sociales-, creo sinceramente que corremos el riesgo real de ser acusados como colectivo de estar alineados con una de las partes o, lo que sería aún peor, de estar jugando a los mediadores como mi amigo jugó aquel verano con los adjetivos obvio y trivial.

En el cuento de Andersen unos estafadores engañaron al Emperador vendiéndole un traje con una tela mágica que poseía la virtud de ser invisible para los malos funcionarios. Solo un niño se atrevió a decirle al emperador que estaba desnudo. Quiero compartir esta reflexión con mis compañeros.

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo. Psicólogo colegiado M-23304.
Mediador familiar y para las organizaciones de la institución de mediación del Colegio Oficial de Psicólogo de Madrid

 

Equipo de Kiosko

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  • Entiendo que, en la mayoría de los foros y las redes, las opiniones vertidas se han realizado a título personal, como ciudadanos concernidos inevitablemente.
    En lo profesional, además de lo que apuntas, que no deja de ser una cuestión técnica sectorial, lo sorprendente es que se ha dado por bueno un discurso que obvia que no estamos en ningún estado fallido, carente de normas, escenarios o foros de debate que necesite el auxilio de agentes externos para encauzar demandas socio-políticas. España es un Estado de Derecho, con instituciones legítimas y legales que funcionan democráticamente. Es en el seno de esas instituciones en donde tienen que debatirse y resolverse los conflictos políticos. De no ser así, ¿cuál es la finalidad de su existencia?
    También el colectivo profesional ha desaprovechado una excelente oportunidad de divulgación y aclaración de qué es, y qué no, esta modalidad ADR. En palabras de Salvador Madrid, “los mediadores deberían haber sentado cátedra en este asunto, no dejar que se manipule la palabra y el concepto de mediación… no han aprovechado una ocasión para dejar manifiestamente claro que como procedimiento de resolución de conflictos respeta escrupulosamente sus principios y no se deja manipular por intereses”. ¿Espurios?
    Conviene no olvidar que algunas tácticas y estrategias de algunos grupos políticos protagonistas de esta situación se autodefinen y reivindican como antisistema. Curiosamente quienes se muestran más activos demandando mediación. Es fácil de entender, siguiendo el lenguaje de las fabulas, el interés del zorro en llevar a las gallinas fuera del corral (institucional).
    Más inexplicable es que mediadores profesionales, por definición neutrales, imparciales y obligados por los códigos de conducta y deontología a tener en cuenta las circunstancias de cada caso, los posibles desequilibrios de poder, los deseos que puedan expresar las partes (todas), la legislación aplicable y en consecuencia a valorar si las pretensiones de parte buscan concluir en acuerdos inaplicables o ilegales, hagan un seguidismo tan entusiasta de esas estrategias, y les den soporte. Lo que ya resulta de todo punto insólito es que, además, se obvie el principio de voluntariedad, presionando insistentemente a acudir al procedimiento a quienes no lo desean y tampoco ven ninguna razón que lo justifique.
    Quizá el tema inspire un nuevo post, pero en lugar de tomar prestado el título de Hans Christian Andersen, habría que recurrir a los Hermanos Grimm: ¿El flautista de Hamelín?

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