Premio AMMI 2017 a la Trayectoria Individual en Mediación

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Hablar puede ser una defensa para no escuchar

Por Daniel J Bustelo Eliçabe-Urriol

Durante los años 90 del siglo pasado, cuando se enseñaba mediación se solía usar un dibujo que quería mostrar que lo importante era escuchar más que hablar.

dibujo escuchar

Luego se lo criticó pues daba una imagen muy pasiva de la persona mediadora y a escuchar se le agregó el concepto de activa: “escucha activa”. Esto de alguna manera era no reconocer que escuchar es de por sí una actitud activa para el que escucha y el escuchado.

A partir de explicar en qué consistía esa “escucha activa” se le fue dando más y más entrada a la palabra de la persona mediadora. Ya sea a través de las reformulaciones o parafraseos, preguntas, información “objetiva” etc.

La teoría circular narrativa y sistémica, aportó conocimientos sobre la comunicación, pero los mismos se transformaron en directivas y no en herramientas.

Así, lo que eran herramientas útiles para la escucha se transformaron en excusas perfectas para dar preponderancia a la palabra e intervención del mediador.  Es decir, para dar protagonismo técnico a la intervención de la persona mediadora, transformándose esto en el eje de la formación y la práctica.

Me interesa citar aquí a Jean Claude Milner, cuando en su libro “La política de las cosas” [1] dice “…los seres hablantes son inconmensurables e insustituibles; esa inconmensurabilidad constituye la sustancia de sus libertades…Las libertades y las igualdades formales son las únicas que tocan lo real.  Libres e iguales en derechos, es necesario y suficiente con el término “derechos” para impedir que “libres e iguales” sea contradictorio”.

Pretender la igualdad sustancial, y no de derechos,  convierte a los seres hablantes en  conmensurables y sustituibles, perdiéndose la igualdad en derechos y oportunidades.

De esto se trata la mediación.  Ese espacio en donde ser inconmensurables e insustituibles es la esencia del mismo.  Por eso  pretender que técnicas, preguntas milagro,  definir y clasificar el conflicto, es inútil desde la escucha que considera a cada participante  único e inconmensurable. Las técnicas, así utilizadas, solo están al servicio  de adaptar al participante de la mediación a ellas, cuando debería ser lo contrario, o sea que la técnica esté al servicio del  participante, que es un ser hablante inconmensurable e insustituible.

También en esos años 90 se describió la comunicación circular entre la persona mediadora y los participantes en la medición con el siguiente dibujo:

esquema hablar

La persona mediadora puesta arriba  deja en evidencia que continuamos poniendo al mismo/a en ese lugar como de mayor jerarquía, poder y satisfacción narcisista personal.  Desde allí y probablemente de forma inconsciente le damos a la palabra de la persona mediadora una relevancia y significación que diluye la deseada participación de los participantes.

Por eso he preferido esta otra imagen:

esquema nuevo hablar

(Aclarando que Parte debe entenderse como abreviatura de participante.)

Al estar todos en el mismo plano de poder y de significancia  logramos reforzar la participación de ellos, y su autolegitimación, que era el objetivo inicial.

Escuchar y ¿para qué?

¿Qué significa escuchar?  Es dejarse penetrar por la palabra del otro, procurar no defenderse de lo que el otro dice y darnos cuenta de lo que nos pasa con lo que el otro dice. Si además tenemos claro que todos los seres humanos somos distintos, tendremos claro que lo que nos pasa a nosotros nada tiene que ver con lo que le pasa a quien lo dijo. Discriminado esto, podremos poner INTERES en tratar de entender lo que el otro dijo, que puede tener un significado totalmente distinto al que supusimos.

Es importante tener claro que el ser humano parlante tiene su esencia en la posibilidad del lenguaje, la escucha, la palabra, la escritura y la lectura. Esto permite conformar esa particularidad única de CADA ser humano, el que tendrá un discurso que le será propio y único. Los demás no podremos ponernos nunca en su lugar. Este lugar se caracteriza por una complejidad que ni el mismo sujeto logra conocer en muchísimos casos.

Por tanto definida la empatía como “el ponerse en el lugar del otro” es una falsedad. Podemos desde nosotros y nuestra experiencia intentar comprender a ese otro,  pero solo será nuestra perspectiva del otro. Es por eso que prefiero  no usar la palabra empatía, y si la de interés por el otro. Eso sí es posible y podemos registrar nuestras facilidades y dificultades para hacerlo.

Cuando llenamos a la mediación de objetivos falsos como ser neutral, tener empatía, ser objetivo, estamos planteando una falsedad que tarde o temprano nos hará sentir el fracaso y la  impotencia de no poder lograrlo y volveremos a lo que son nuestras prácticas profesionales habituales relativas a nuestra profesión de origen. Es decir cambiar para que nada cambie.

Por tanto si aceptamos que somos subjetivos, parciales, prejuiciosos y narcisistas es posible que podamos ejercer nuestra tarea con más comodidad, menos exigencia y por tanto con una mejor escucha. Finalmente escuchar es de lo que se trata al ubicarnos en el lugar de persona mediadora.

Escuchar ¿para qué? 

La respuesta a esta pregunta está  totalmente ligada al concepto que tenemos de mediación y al para qué ocupamos ese lugar de persona mediadora.

Aquí el debate es mucho más grande y se mueven intereses individuales y corporativos importantes.

Entiendo que la mediación nació para dar EL PROTAGONISMO al participante en la gestión de su conflicto. Para ello se le da, desde su cultura y sus formas, el espacio para que se exprese sin censura, sin ser objeto de juicios de valor, respetando y legitimando su persona, discurso y sentimientos. Es decir, lo que se ha dado en llamar con una palabra que no me parece atinada: empoderamiento. En inglés empowerment es un concepto claro, no así para mí, su traducción literal al castellano. Tal vez el que pueda auto legitimarse sea un concepto que expresa mejor el sentido de empowerment.

Ahora bien cuando el objetivo se establece en lograr un acuerdo, en recuperar la comunicación, en evitar los tribunales con el viejo concepto que mejor un mal acuerdo que un buen juicio, etc., todas estas finalidades para mí son ajenas a la mediación. En todas ellas el objetivo coloca  el protagonismo de los participantes  en un segundo lugar.

Entiendo que escuchamos para que los participantes, al sentirse legitimados por un tercero que no hace juicios de valor ni les pone reglas de cómo deben ser y comportarse, aprecian que se  les respeta y valora como son. Esto es lo que permite que se escuchen y puedan escuchar al otro.  No tenemos nada que decirles de cómo se resuelve ni gestiona su conflicto. Hay que estar profundamente convencidos de esto:  sólo ellos lo saben.

Por eso nuestra función es crear ese espacio en el que no es necesario discutir quién tiene razón ni quién está en lo correcto. Cada uno/a tiene su razón y su criterio.

Lo importante es que al escucharles pueda quedar claro qué es lo que han dicho y la importancia que puedan tener para los participantes sus dichos.

Respetando que cada cual tiene sus motivos y razones para su discurso, lo importante es ver si pueden ellos/as expresarlos en el espacio de la mediación. Así, si quieren, podrán  elegir en vez de optar.  Tener en cuanta más lo que quieren para ellos que lo que no quieren para el otro.  Eso lo llamo sano egoísmo y es la motivación que les permitirá  llegar a acuerdos si eso es lo que buscan.

Para ello casi la única tarea difícil y esencial de la persona mediadora es lograr la apropiación del conflicto por parte de los participantes, para que desde allí, desde el querer hacer algo con él, puedan ponerse a trabajar en el proceso de escuchar y ser escuchados. Lo que decidan hacer con el conflicto no es de nuestra incumbencia. Es la responsabilidad de ellos/as.

Darles la libertad y el respeto, vendrá acompañado de la responsabilidad de la gestión del conflicto. El resultado tendrá que ver con su deseo.

Daniel J Bustelo Eliçabe-Urriol © 2017


[1] Pag. 23 y ss (Miguel Gomez Ediciones 2007)

 

Equipo de Kiosko

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