Saroo Brierley

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Un re-encuentro de hadas

Por Jaime Ledesma del Busto

El pasado 19 de enero, Adoptantis organizó un magnífico evento donde nos invitaron al prestreno de la película Lion, con un prometedor coloquio posterior.

Vaya por delante que la película es muy buena, interesante y muy humana. Tratan con gran sensibilidad ciertos aspectos sobre la realidad de la adopción que no estamos acostumbrados a ver en el cine. No llega al sensacionalismo -del que, por otra parte, ya estamos anestesiados-, ni a la lágrima fácil, aunque sí es posible que se nos mojen las mejillas, de un modo más que justificado, visualizando esta historia real.

Sin embargo, desde el punto de vista profesional –especialmente como mediador familiar- existen algunos puntos acerca de la búsqueda de orígenes que pueden ser peligrosos, según cómo se interprete por el espectador.

Aquí debo avisar a quien no haya visto la película y tenga interés en hacerlo, que deje de leer en este punto y lo postergue para más adelante; no quisiera ser responsable de hacer spoiler y reducir su disfrute de la película.

Cuando terminé de ver la película pensé: ‘¡qué bien han manejado, en general, los sentimientos!, qué suerte de encuentro ha tenido este chico…’ Acto seguido: ‘¡madre mía! quien esté pensando en emprender su propia búsqueda… ¡espero que no tome como referencia esta historia! Esto no es lo más común’.

Y así es, no es habitual que las cosas parezcan tan ‘sencillas’. Aunque no me gusta relacionar la adopción con la suerte, en este caso, Saroo la tuvo durante el reencuentro con sus orígenes.

Hablando de suerte, también se ve reflejada la “suerte” en la madre (adoptiva) de Saroo, tan comprensiva, paciente y perfecta. Pocas son las madres que entienden tan bien, y a la primera, lo que significa ser madre (y padre que, aunque en este papel parece un acompañante más, su actuación también es ejemplar). Sólo hay un punto que puede llevar a confusión en las explicaciones de esta madre, y es que puede confundirse su decisión de adoptar como un acto de solidaridad, muy alejado de lo que supone esta medida de protección a la infancia.

Sin embargo, lo compensan con un ejemplo claro de lo que realmente significa ser padres adoptivos: tienen dos hijos adoptados con vidas y situaciones muy diferentes entre ellos. Y los dos son siempre hijos, sin excepción.

Se evidencia que el proceso de vinculación no es igual para los dos hermanos y nunca es sencillo. Pero ellos siguen siendo padres ejemplares en todo momento, dejando claro que el mito de que el amor todo lo cura no es real; porque hay mucho amor entre ellos, pero la herida de uno es más difícil de ser reparada. En este caso, antes de apoyarse en mediación, necesitarían terapia, incluso sabiendo que nunca garantizará por completo su éxito.

En esta película habría muchos puntos interesantes para analizar desde el punto de vista profesional relacionado con la adopción (sentimiento de abandono, memoria implícita y narrativa, identidad…), pero vamos a centrarnos en la búsqueda de orígenes y, sobre todo, en el encuentro:

Desde el punto de vista de un mediador profesional, existe una clara necesidad de preparación para la búsqueda y los posibles desenlaces que puedan existir, para los que nunca se está preparado por completo. Tampoco tiene los apoyos necesarios para desarrollar esta búsqueda en condiciones, ni tampoco un acompañamiento que sirva de ‘contenedor emocional’ durante el proceso.

Por suerte, durante la primera etapa de la búsqueda, la figura de su novia le ayuda a imaginarse diferentes situaciones: ‘y si encuentras tu hogar y no están allí y tienes que seguir buscando…?’ un verdadero choque con una posibilidad muy real para la que necesitaría prepararse antes… pero, como también es frecuente en estas situaciones, Saroo decide apartarse de su entorno cercano y dejar de lado su relación de pareja.

Por una parte, necesita comenzar una metamorfosis, una modificación en su sentimiento de identidad para el que necesita estar consigo mismo. Por otra, su conflicto de lealtad hacia sus padres (adoptivos) le impiden compartir sus pensamientos e inquietudes con los demás.

Tiene suerte también en las amistades que ha encontrado por el camino, que, desde el primer momento, le comprenden y colaboran con él para iniciar su búsqueda. Tampoco suele ser lo habitual entre personas que no han tenido contacto con la adopción.

El peligro más inminente podría estar en las redes sociales y google Earth que, como herramienta, sin duda, es perfecta para localizaciones; y, al mismo tiempo, es un arma de doble filo. Si lograra contactar directamente a través de internet, y no existiera un filtro que pudiera amortiguar los mensajes entre ambas partes, podría truncar todo este viaje a sus orígenes.

Por fin, el encuentro con su madre biológica en India. Un viaje para el que no existe una preparación y al que viaja completamente solo (según muestra la película). Un encuentro feliz entre ambos, con todo el pueblo presente, participando con aceptación la llegada de un antiguo vecino del pueblo desaparecido, para regresar años después occidentalizado…

Una vez más, Saroo tuvo suerte, porque no siempre existen encuentros tan positivos, no siempre están dispuestas las madres biológicas a reencontrarse con su pasado, no siempre son aceptadas socialmente… Ella no tuvo preparación para este encuentro, no fue avisada del impacto emocional que se le acercaba…

Y lo que más temor suscita al finalizar la película es otra duda: y después, ¿qué pasó? Por un lado, en Saroo existe un proceso de integración importante para incluir de nuevo esta figura, esta cultura, esta experiencia en su vida. En su identidad. ¿Tuvo ayuda profesional para ello?.

Pero también preocupa conocer la situación de esa madre biológica.. ¿qué sintió después? ¿Qué apoyos obtuvo? ¿Comprendió lo que significaba este encuentro? ¿se sentiría después abandonada cuando su hijo volviera a casa, en Australia?.

Estas y muchas otras dudas importantes se desprenden de esta película que –insisto- es un gran film y muy didáctico. En cambio, conviene verlo desde el conocimiento de que no es un ejemplo común, del que pueda darse por hecho que así serán todas las búsquedas de orígenes. Es, al fin y al cabo, el reencuentro de hadas que siempre se aspira experimentar, pero que no es tan sencillo lograr.

Vayan a ver Lion y ¡disfruten de esta magnífica historia!

Equipo de Kiosko

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  • Emma Abella Cruz

    Estou de acordo, pero tamén é certo que este é un reencontro especial: a nai nunca abandonou a Saroo. Se un neno desaparecese de Malpica, seguramente os pais non se moverían nunca de aquí, igual que esa nai, e o momento do encontro imaxínoo parecido. No caso de abandono ou roubo para adopción ilegal (e inclúo as ilegais revestidas de legalidade) o reencontro ten moita máis mochila para as familias biolóxicas. Creo que é interesante deixar ese final, creo que calquera espectador se preguntará que pasará despois e cadaquén creará o seu detallado final na cabeza… Eu sentinme moi identificada coa nai, porque nunca quixen ser nai biolóxica nin o intentei. Arrepiante e terrible a escena do metro en que veñen a “cazalos”, porque sabes que van ser, seguramente, carne de escravitude sexual ou similar, sen que se diga expresamente…
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