Sustracción internacional de menores, ¿Tiene cabida la mediación?

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La voz de los afectados

La experiencia obtenida en estos años como portavoz del Colectivo Contra la Sustracción Parental no es una historia de éxito.

En nuestro colectivo están integrados tanto progenitores que tienen a España como estado demandado, como madres y padres que demandamos el retorno a España de nuestros niños. Los primeros son unos suertudos porque todos ellos o bien ya han logrado la restitución o están muy cerca de lograrlo, España cumple.

El problema siempre surge fuera. Evidentemente, el progenitor infractor tiene siempre la sartén por el mango. Haber cometido un delito de sustracción de menor es rentable y, en la inmensa mayoría de los casos, siempre tiene premio.

En todos nuestros casos, sin excepción, el progenitor sustractor siempre es recibido como un héroe en su país de origen. Allí se le acoge, mima, protege y se humilla a quien osa incomodarlo.

Lamento decirlo pero la experiencia dicta la realidad, salvo en España que somos muy cumplidores y siempre favorecemos a los de afuera, hemos constatado que todos los tratados internacionales, acuerdos bilaterales, reuniones de alto nivel, legiones de probos funcionarios asignados tanto en la UE, Consejo de Europa, Autoridades Centrales, etc, son papel mojado que no tienen realidad práctica.

Nos ha ocurrido y pongo un ejemplo muy reciente.

Un papá se levanta en la mañana, acude a la habitación de su niño de cuatro años y le da un besito de buenos días antes de irse a trabajar. Como es costumbre, al mediodía acude a la guardería a recogerlo pero ese día la profe le dice que su pequeño no ha acudido hoy. Extrañado llama a su esposa y el teléfono está apagado. Llega a casa y no hay nadie, insiste en las llamadas mientras recorre las habitaciones, cajones vacíos, ropa por el suelo. El corazón le va a mil por hora y vuelve a insistir con las llamadas e idéntico resultado, “el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura”.

Empieza la ronda de amigos y mamás del cole: “Habéis visto a Anna? Y a Adrián?” nadie sabe nada. Y de repente una idea asalta la cabeza, acude a la carpeta de documentos y faltan todos: pasaportes, tarjetas, documentos del niño, todo.

Ese momento de pánico que todos hemos sentido, el momento que denominamos “pollo sin cabeza”, ha llegado. Y de repente un simple mensaje de WhatsApp: “Juan, te comunico que el niño y yo acabamos de aterrizar en Moscú y no volveremos a España”. Las palabras no le salen, el shock no le permite reaccionar.

Con alas en los píes acude a la comisaría más próxima a pedir ayuda y orientación. Para su horror lo mandan de vuelta a casita para que reflexione y vuelva en unos días. La mirada de “cachondeo” del policía es casi humillante. No sabe dónde acudir, se acuerda de haber oído hablar de sustracción parental y, como todo el mundo, acude a Google. Encuentra después de una ardua búsqueda el teléfono de la Autoridad Central española y una señora con muy poca delicadeza le dice que cubra el formulario y acuda a un abogado.

Y empieza el viacrucis, demandas de restitución que se rechazan, jueces que se inhiben “ya que el niño está en Rusia, denuncie usted en Rusia, aquí no somos competentes”, nueva denuncia por sustracción parental ante la policía que archiva automáticamente el Juzgado por que no lo considera delito al ser realizado por la madre y no hay medidas cautelares previas. Y la cabeza se va calentando poco a poco.

Presentación del modelo a la Autoridad Central española y le dicen que ya le avisarán. Y en eso, desde Rusia por correo ordinario y certificado le llega una carta en ruso, parece, por los sellos, de algún organismo oficial. Acude a un traductor y le dice que está citado para dentro de 10 días en Moscú a la vista para el divorcio y custodia de su hijo secuestrado argumentando el arraigo del niño en su nuevo domicilio.

Uno se queda boquiabierto, mientras en España todo han sido trabas y problemas para hacer valer sus derechos como padre, la madre sustractora en sólo 20 días ha logrado en Rusia hacer a su hijo ciudadano ruso sin su consentimiento, empadronarlo, matricularlo en un colegio, presentar demanda de divorcio y custodia para la madre, y notificarlo para comparecencia.

Llamada a la Autoridad y de nuevo con malas formas le dicen que no se impaciente y que aun no le han asignado número de expediente. Ahora sí que está indignado, traicionado y vendido.

Sabe que, si él no se mueve, su país no va a hacer nada por ayudarlo. Se ha dado cuenta que todo es pura farsa, las leyes, la supuesta prevención, la legión de funcionarios sólo son impuestos con cargo a su bolsillo sin ninguna utilidad.

Y yo me pregunto ¿Dónde se puede establecer el papel de la mediación?

Francisco Javier Somoza Vales
Portavoz del Colectivo Contra la Sustracción Internacional de Menores
Licenciado en Empresariales y Director del Área de Marketing y Comunicación de +qPlus.com

Equipo de Kiosko

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